NIÑOS DE LA FERIA, EL JUEGO INVISIBLE

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Jazmin es el nombre de la pequeñita que escuchábamos llorar dentro de su coche. Debe haber tenido menos de un año cuando su madre la traía a la feria a las 7.30 de la mañana. Estaban juntas hasta que la jornada terminaba, al lado del carrito, en el que la determinada madre, vendía empanaditas fritas.

Nuestra hija también tenía esa edad en aquella época. Y a medida que crecieron, se hicieron muy amigas. Jazmin era invitada a jugar con ella cuando su madre lo permitía.
Con el tiempo dos amigas más se unieron al grupo, y aún recuerdo con nostalgia, a las niñas que acompañaban a nuestra hija los días miércoles y sábado, los días de la feria.

Crecieron, y ya no sabemos nada de ellas desde aquel irritante día, en que su competencia comercial, una mujer con otro carrito instalado, decidió que la mamá de Jazmin, debía irse de la feria, para poder tener el monopolio de la venta…Nada le importo la pequeña Jazmin, sólo creyó en las ganancias de su negocio.

La vida de los niños que acompañan a sus padres en la feria parece difícil, vista desde los ojos del adulto. Pero vista desde los del niño, me atrevo a pensar, que es muy divertida.

Muchos de ellos son invisibles a los ojos de los compradores. Siempre están detrás de los carros, camiones, o cajas de frutas y verduras. Siempre muy sucios, pues sus juegos, son con objetos que están por ahi tirados. Desde las mismas frutas que caen, hasta juguetes improvisados, como las maderas de las cajas, que son usados por ellos como lugares fantásticos, donde los juguetes traídos desde sus casas, cobran vida en su libre y poderosa imaginación.

Los niños de la feria llevan siglos en ellas, desde que los hombres crearon este sistema de comercio. Los hijos de los dueños de estos lugares, los han acompañado como obligada tradición. La mayoría de ellos, incluso resultan herederos del negocio, recibiendo lo que sus padres manejaron por décadas.

Los niños que veo aunque parezcan estar solos, en realidad están más acompañados que muchísimos otros. Tienen la suerte, a pesar de vivir una realidad física muy dura, de estar al lado de sus seres queridos con mayor frecuencia que otros pequeños.

Entonces, la mayoría de los niños de la feria, aunque parezca que pasan mas frío, mas abandono, o que están más sucios que otros, en realidad son niños tranquilos, queridos, protegidos; quizá no de la manera óptima, pero están más cerca de lo que creemos de los adultos responsables por ellos.

Verlos jugar, mientras mucha gente pasa sin verlos es muy especial, pues me recuerda que cuando somos niños, lo único que queremos es jugar…sea donde sea.