El aroma de choclos y de albahaca. Hojas verdes puestas una sobre otras, para empezar a recordar que tiempo atrás fui un niño muy curioso.
Nelly me enseña, como doblar las hojas para que al cocinarlas, todo quede perfecto. Ella esta tranquila y divertida. Nelly ya tiene mas de ochenta, es viuda, pero mantiene una genial energía. Estamos sentados conversando, recordando. De alguna manera asombrosa, la cocina se convirtió en un lugar neutral, donde solo los pequeños gatos interrumpen un charla tranquila. A su memoria vienen recuerdos, que no los entrega fácilmente. A mi memoria también, pero puedo sentir que ella esta interesada en ellos.
Cuando somos niños, los recuerdos son de colores, de olores, de sensaciones. Cuando somos niños nuestro pensar y sentir es maravillosamente simple y perfecto.
Le hablo de mi padre, de mi abuela, y de el olor a té sobre el brasero de carbón. De su inmenso taller lleno de espectaculares objetos que hacían trabajar la imaginación. Le hablo de cuando yo tenía apenas 6 o 7 años, y de los momentos que pasé, junto a él.
Mi padre era muy ingenioso, capaz de crear con sus sensibles manos desde complicadas máquinas, hasta suaves cuadros, pintados por el mismo. Son recuerdos, que permanecen inalterables en mi cabeza, en mis ojos, en mi nariz…en mis oídos
Un piano vertical antiguo, permanece erguido a la derecha de aquel inmenso taller, donde mi padre realizaba sus incansables trabajos. Mis manos apenas alcanza las teclas, pero logro presionarlas. Son pesadas…y puedo ver como unas pequeñas maderas se mueven y golpean largos hilos de metal. Puedo recordar lo desafinado, y a mi padre decir, que pronto lo reparará.
Nunca mas supe, de ese gran piano, pero en mis oídos aun queda la vibración disonante, misteriosa y agradable. Puedo sentir aun el aroma de maderas, carbon y te. Y puedo ver a mi padre hacia arriba, hablándome y sonriendo amablemente.
Ya se termina la charla con Nelly, pero quedamos contentos pues nuestro trabajo en la cocina quedó delicioso. Gracias a este pequeño momento, volvimos a vivir… aquellos inalterables aromas.
Cuando somos niños, los recuerdos son de colores, de olores, de sensaciones. Cuando somos niños nuestro pensar y sentir es maravillosamente simple…y perfecto.